
Consideraciones previas a tomar en cuenta:
•No contratamos ninguna agencia de viajes
•No tuvimos guía nativo
Día 1
Salimos de Madrid a las 14.30 rumbo a Estambul, un vuelo de entre unas cinco y seis horas. En el aeropuerto nos espera un hombre con un cartelito con el nombre de mi padre. El pobre hombre no tiene ni papa idea de español pero al menos sabe contar con lo que deduce que el grupo está completo.
Llegamos al hotel. Es un poco decepcionante. Pocas sillas, un televisor muy pequeño, sin bidé,… Para colmo, en este viaje me ha tocado dormir en la misma habitación que mis padres así que no tengo ninguna intimidad. Pero es soportable.
Salimos a dar un paseo y cenamos en un restaurante cercano al hotel. La comida estaba buena. Yo me pedí una musaka pensando que iba a ser la típica lasaña pero con láminas de berenjena y me encontré una caldereta con berenjena, trocitos de ternera, tomate y más cosillas. Aunque no era lo que en un principio quería, he de reconocer que estaba bastante rico. De postre mi tía repartió 3 Baklava que se pidió. A primera vista me recordó los dulces sirios. Pasada la prueba del gusto se confirmó el parecido. Por algo son países vecinos.

Pasteles de Baklava
Después continuamos con el paseo. Vimos varias tiendas de souvenirs y de alfombras. Alguna que otra estaba ya cerrada (eran las 10 y pico hora local). También pudimos deleitarnos con la vista nocturna de la iglesia de Santa Sofía (antigua iglesia y mezquita y reconvertido en museo) y la Mezquita Azul. Las dos son acojonantemente grandes aunque la iglesia tiene cuatro minaretes y la mezquita seis. No quisimos seguir más allá porque empezaba a hacer mucha rasca y los ‘mayores’ querían volver al hotel.
Día 2
Después del desayuno matutino nos fuimos rápidamente al museo de Topkapi que es donde vivían los sultanes con sus concubinas y con su madre (que era la que gobernaba esos aposentos). Fuimos temprano porque a la sección del harem sólo se puede acceder con una entrada que se compra entre las 9.30 y las 10.00. Llegamos aproximadamente a las 9.15 y tuvimos que esperar al geta que vendía las entradas hasta las 9.45.
Estaba bastante curioso. Las concubinas vivían en un ala y los eunucos estaban cerca de ellas. La madre vivía en otra ala y el sultán en otra. Había un pasillo que comunicaba las habitaciones del sultán con las de las concubinas que curiosamente se llamaba ‘Golden Road’. En ese pasillo se encontraban el sultán y las concubinas y éste se dedicaba a arrojar monedas al suelo para… bueno, os lo dejo a la imaginación.
Más tardes nos acercamos al museo arqueológico a ver, sobre todo, el sarcófago de Alejandro Magno. Tiene muchos detalles bastante buenos. Incluso se conserva algo de color. La lastima es que no todos los soldados que aparecen en las paredes del sarcófago posean sus armas.

Sarcófago de Alejandro Magno
Después nos hemos ido a comer a un restaurante típico llamado del barrio de sultanhamet. La carta era muy escasa (2 platos principales, 2 ensaladas, 2 postres,…) pero esta escasez se veía contrastada con la comida y la rapidez y amabilidad del servicio.
Terminada la comida nos dirigimos a la iglesia de Santa Sofía. Impresionantes los mosaicos, los discos con grafía árabe y la altísima bóveda.
Luego fuimos a ver la gran cisterna: un gran depósito de agua bajo tierra muy cerca de Santa Sofía y la mezquita azul. Destaca por la belleza de las filas de columnas muy bien iluminadas y por un par de cabezas de medusas que sirven como bases para esas columnas.

Interior de la Gran Cisterna
Cuando terminamos, intentamos acercarnos a la mezquita azul pero cuando estábamos llegando sonó la llamada a la oración y no pudimos visitarla por dentro. Esto nos dio la oportunidad de ver el ritual de limpieza llamado wadu o ablución que hacen antes de entrar en la mezquita. Se lavan pies, cara, boca, nariz, manos y antebrazos. con el agua que sale de unos grifos de la mezquita (probablemente agua fría). Estando a unos 8ºC de temperatura este ritual me parecía demasiado sufrido para un cuerpo como el mío acostumbrado a las comodidades.
Como empezaba a anochecer casi dimos la tarde/noche por terminada. Nos acercamos al hipódromo. Tiene tres columnas, una de ellas un obelisco egipcio. Luego el grupo se dividió. Unos se fueron al hotel a descansar y otros continuamos con el paseo. Bajamos al puerto de pescadores, un lugar curioso porque a la vez que te venden el pescado hay relaciones públicas acosándote para que entres en su restaurante. Luego, dentro del restaurante, le pides al camarero que te hagan uno de los pescados que venden fuera de la manera que la sepan hacer en ese restaurante. Vamos, que eliges exactamente que pescado quieres y cual no. Finalmente volvimos al hotel a descansar un poco antes de volver a salir para cenar.
Después de un par de vueltas por la calle cercana al hotel acabamos en el restaurante que había en frente del restaurante del día anterior. La comida era muy buena, el servicio pésimo. Pagamos en euros y la conversión la hicieron bastante a su favor, una vergüenza. Después volvimos al hotel y, mientras algunos dormían plácidamente, otros se dedicaban a resumir la jornada de idas y venidas.
Día 3
Este día lo empezamos con lo que no pudimos hacer el día anterior. Vimos bien el hipódromo y visitamos la mezquita azul.

La Mezquita Azul a contraluz
Después fuimos hasta la mezquita Yeni. Luego entramos en el mercado de las especias. Allí había más cosas a parte de especias: Sanguijuelas, pollos, patos, esponjas, cojines, equipaciones de fútbol,…

Puesto de Especias
Luego fuimos a otra mezquita cercana pero, otra vez, no pudimos entrar porque empezó a sonar la llamada a la oración. Así que decidimos ir hasta la mezquita del Suleiman. Estaba a una distancia respetable por lo que seguro que ya habrían acabado los rezos a nuestra llegada.

Tumbas situadas al lado de la mezquita del Suleiman
Después nos fuimos a comer a un lugar cercano. Como estaba cerca de la mezquita no servían ninguna bebida alcohólica. Allí pedimos unos pocos entremeses y de segundo yo pedí un Sis Kebab. Estaba bueno pero quizá un poco escaso.
Cuando terminamos fuimos a la mezquita de Beyacit atravesando la universidad. Una vez visitada, cogimos el autobús para ir hasta la iglesia de San Salvador de Chora que tiene unos mosaicos muy bonitos. La vuelta la hicimos también en autobús pero esta vez nos dirigimos directamente al hotel a descansar antes de la cena de fin de año.

Frescos de la iglesia de San Salvador de Chora
La cena de fin de año tuvo su guasa. Comimos en el hotel para ahorrarnos el buscar un local que tuviesen espacio libre. Desafortunadamente, la comida fue bastante mala. De entremeses nos pusieron una cosa roja súper picante. A mi me gusta el picante pero es que esto te dejaba la lengua inútil para saborear otras cosas. Luego nos pusieron una especie de sopa de lentejas trituradas, lo único bueno de la cena. De segundo nos pusieron un pavo sequísimo y sin ninguna salsa con el que meterse eso por la garganta.

Panorámica de Estambul la noche de fin de año
Día 4
Después de desayunar, cogimos el tranvía para ir hasta donde atracan los barcos que dan una vuelta por el estrecho del Bósforo. El barco iba haciendo paradas por los pueblos mientras ‘subíamos’ (íbamos hacia el norte) hacia el último pueblo del recorrido. En estas paradas se subía y bajaba gente, entre ellos se subieron varios vendedores de yogures… que cosa más rica. Era un yogur natural turco al que le ponían azúcar glasé. No es que fuese una delicatessen, es más, no podía ser la cosa más sencilla pero aún así estaba buenísimo.

Imagen tomada desde el crucero
Cuando llegamos al pueblo (cuyo nombre no recuerdo porque no era muy importante), nos dimos un paseo. Podíamos habernos acercado a las ruinas de un castillo cercano pero la gente estaba muy cansada y además teníamos el tiempo justillo para comer y volvernos al barco. Comimos en un lugar de pescaítos (había varios restaurantes, todos de lo mismo) pero la calidad no llegaba a los de Málaga.
A la vuelta del barco, una vez en Estambul, fuimos a la torre Galata. Está en lo alto de una colina lo que le da una vista de la ciudad espectacular.

Panorámica desde la torre Galata
Después nos volvimos al hotel en tranvía… sólo que mi familia entró en uno y yo en otro porque se me cerraron las puertas en las narices cuando seguía a mi hermano.
Día 5
Este día lo dedicamos a hacer compras. Para ello fuimos al gran bazar. Como todos los bazares, había gente llamándote para que te fijases en su mercancía: ropa de piel, alfombras, cerámicas, joyería, camisetas, gorros,… Un sin fin de cosas que se repetían cada 4 o 5 puestos. Y es que, a pesar del gran número de puestos, casi todos venden las mismas cosas. Yo sólo me compré una bandera turca pero es que yo soy un caso especial, no me gusta comprar cosas que no necesito.

El gran bazar
Para comer fuimos al puerto a comer pescado. Fuimos al sitio que comenté en el ‘día 2’, ese en el que elegías a dedo el pescado que querías comerte. Sólo que fue un poco distinto a lo que yo tenía pensado. Pensaba que te salías del restaurante, ibas a la pescadería de al lao y le decías al camarero que pescado querías. No era así. La verdad es que los camareros te traen la carta. Luego vuelven con una bandeja con todos los entremeses que tienen. Eliges los que quieres y se van mientras decides cual va a ser tu plato principal. Entonces los camareros aparecen con una bandeja con todos los pescados que tienen. Esto puede hacer que cambies de opinión y te entren dudas de lo que quieres. Finalmente les dices que pescado quieres pero no señalas ninguno en especial. Ellos ya se encargan de elegir por ti.
Como anécdota he de contar que en este restaurante, un water me meó mientras estaba orinando en un meadero de los de la pared. Me explico. En Turquía los wateres tienen una cosa que echa un chorrito cuando accionas una válvula. Ese chorrito es para lavarte el culo, se supone (yo nunca lo probé). Pues bien, se ve que antes de que yo entrase en el cuarto de baño, habían cortado el agua y alguien había abierto esa válvula. Luego, mientras yo estaba meando, volvieron a accionar el agua con lo que eso provoca. Como siempre que se corta el agua, al principio hay mucho aire en las tuberías y el agua sale a rachas o borbotones. Al principio yo veía divertido como del water empezaba a salir agua pero poco después ya no era divertido. El agua me estaba llegando a los pies y yo todavía no había terminado de mear. Tuve que abrirme de piernas pero con un píe hacia delante y otro hacia atrás (el chorro me venía de la derecha) y terminar.
Después de todo esto volvimos al hotel a descansar un rato y a hacer las maletas. Por la noche nos fuimos a cenar a un sitio cercano y nos volvimos pronto porque al día siguiente salíamos temprano de vuelta a España.